domingo, 31 de enero de 2010

Vida de Kishan Maharaj (parte 1)



Hola a todos!. Les presento un artículo acerca de Kishan Maharaj, uno de los grandes maestros de tabla del siglo XX y principios del XXI. Dueño de una gran personalidad y carácter, marcó un estilo profundamente definido en la música de la India moderna. En los últimos años fue motivo de controversia por parte de algunos aficionados. Muchos le achacaron el hecho de haber perdido la limpieza de sus golpes, o la “limpieza de mano”. Quizá el reclamo de estos aficionados jóvenes, con “muchas hormonas” a flor de piel, estaba basado en la comparación con otro jóvenes maestros de tabla de la actualidad. Muchos ignoraban que Kishan Maharaj estaba sufriendo de artrosis hacía mucho tiempo, pero a pesar de todo continuaba tocando por el mundo a la edad de 84 años y medio. También ignoraban las grabaciones de los años ´50 y ´60, donde Kishan Maharaj, en sus años jóvenes y ya entrando en la madurez (tanto humana como artística) dejaba con la boca abierta a más de uno gracias a su destreza y dominio del ritmo. Me consta en lo personal: uno de mis grandes amigos, el Maestro Millapol Gajardo de Chile, lo conoció y escuchó en India en 1965, al igual que a su tío y maestro, Kanthe Maharaj.


Nacido el 3 de septiembre de 1923, fue maestro en el campo de la música de la India durante más de 50 años. Tenía gran dominio de layakari, ritmos irregulares, acompañamiento de danza, etc. Su estilo era muy fuerte, gran volumen y mucha energía.

Y mientras los aficionados discutían, Kishan Maharaj se fue. Su último concierto, el 3 de marzo en el Nagari Natak Mandali de la ciudad de Benares, tuvo que ser suspendido en el medio debido a que sufrió una descompensación. A pesar de haber sido sólo un susto, tuvo que ser internado nuevamente, esta vez en terapia intensiva, el 29 de abril. Falleció de un ataque cardíaco en los primeros minutos del lunes 5 de mayo del 2008 en presencia su hija Anjali y del maestro de sarod Amjad Ali Khan y su familia, quienes habían ido a visitarlo y a dar un concierto en la ciudad. Siguen el legado de Kishan Maharaj su hijo Puran Maharaj y sus muchos discípulos tales como Kumar Bose, Sukhvinder Singh “Pinky” Namdhari, Sandeep Das, entre tantos otros. Con él se fue uno de los últimos exponentes de lo que llamamos la “vieja escuela” de tabla.

En el campo de la música en general existe el afán de competir, de querer sobrepasar a los otros en destreza, velocidad, habilidad... Esto me recuerda a los días de la niñez, donde uno jugaba a las famosas “carreritas”. Nuestro pequeño ámbito de la música de la India no está exento de esto. Hay algunos jóvenes que han estudiado en India que todavía piensan que esta música es un campo donde se puede jugar a correr más rápido que los demás. Yo creo en nad brahma, en la Divinidad hecha sonido expresada a través de la música. Creo que este es un camino de autorrealización; es el camino y a la vez la meta, una escuela de vida y no un medio por el cual vanagloriarnos. Y para aprender esta lección de humildad nada mejor que recordar a los grandes, a los que nos dejaron ejemplo como Kishan Maharaj.
R.Das.
 
 
 
KISHAN MAHARAJ
Una audiencia se ha reunido en el palacio de un prominente empresario en Bombay para disfrutar de una velada de música clásica. La élite concurrente estaba acomodándose en sus sillas y sillones acolchados y sedosos. El roce de sedas y chifones creaba un zumbido, como si educadamente estuviesen preguntando porqué los artistas anunciados no habían tomado aún su lugar sobre la majestuosa alfombra persa extendida en el piso de mármol que tenían enfrente. Su insistente pregunta se transformó en atónito silencio cuando el anfitrión entró apuradamente, con las manos juntas, pidiendo que quitaran todos los sofás y sillas, y que la audiencia debía sentarse en el suelo a la misma altura que los músicos. El tabliya Kishan Maharaj se había negado a sentarse en un nivel más bajo que su audiencia. “Sería un insulto a la música clásica de la India”, había dicho, si ustad Ali Akbar Khan con su sarod y él, Kishan Maharaj con su tabla, se hubieran sentado al mismo nivel que los pies del público. Tomó solo pocos momentos para que la iluminada audiencia concordara con el anfitrión, quien se había deshecho en disculpas, en que los asientos elevados debían ser quitados y cada uno debía tomar su sitio en el suelo, como receptores privilegiados de la divina bienaventuranza musical que iba a fluir de los dos músicos dotados.


El incidente citado debe haber ocurrido hace cosa de medio siglo atrás, en 1953, y debe haber sido alterado con alguna licencia narrativa, pero la luz que arroja sobre la persona de Kishan Maharaj es incisiva como un rayo láser. Trae a la luz su suprema confianza como ejecutante, su alta autoestima y su profunda reverencia por su música, su ecuación personal superior con los artistas que acompañaba y, por sobre todo, su animosa convicción. Convicción que, respaldada por inexorables esfuerzos, ha sido la mayor fuerza motriz para elevar el estatus del tabliya clásico y su arte, a los niveles que le corresponden.


Krishna Prasad nació en Benares en 1923 en una ilustre familia de ejecutantes de tabla, unida a una tradición ininterrumpida de alrededor de dos siglos. Tan pronto como nació, dos potentes mantras de svara y laya fueron murmurados profundamente en sus oídos por su abuelo, motivado por la tradición familiar. Puesto que las madres no le daban nombres a sus hijos en su familia, la madre de Krishna Prasad comenzó a llamarlo “Kishan”, y con el paso del tiempo este cariñoso nombre perduró y tomó el sufijo “Maharaj”a su debido tiempo .

A pesar de haber nacido exactamente después de la medianoche en Krishna Janmashtami , y ser llamado Krishna Prasad , el joven Kishan escogió a la Diosa Sharda y al Señor Ganesh como sus ishtadevas (deidades) personales. Con el debido respeto y reconocimiento del panteón íntegro de deidades presentes en el templo familiar, incluída la kul devi (deidad familiar) Durga, Kishan debe haberse dado cuenta pronto que la misión de su vida de servicio a las artes escénicas requerían de las continuas bendiciones de Sarasvati y Ganesh .

La gharana en la cual Kishan había nacido era bien conocida como banaras baaj, y ya ya se había destacado como la pincipal tradición de ejecución de tabla en el norte de la India. Su padre Shri Hari Maharaj, un brillante tabliya, estaba tan obsesionado con alcanzar el éxito final o siddhi en tabla, que uno de sus esfuerzos esotéricos extremos lo dejó mentalmente desequilibrado. Su tío Kanthe Maharaj, quizá el gran genio del tabla y guru de su tiempo, no tenía un hijo, y tomó al pequeño Kishan bajo su ala tanto como hijo adoptivo así como discípulo formal. Cuando Kishan cumplió seis años de edad, su dadaji trajo flores y dulces ritualísticos, así como una dakshina de cinco rupias, y le pidió a Kanthe Maharaj que aceptase formalmente como discípulo a su hijo Kishan. El pequeño Kishan estaba más que preparado para la solemne ocasión. El gran Kanthe Maharaj ató la cuerda de unión alrededor de la diminuta muñeca de Kishan, y en vez del acostumbrado “Dha Dha Te Te”, recitó un paran , un verso completo, que el pequeño Kishan reprodujo admirablemente en el tabla!.

Junto con las técnicas y las matemáticas del tabla, Kanthe Maharaj comenzó a entrenar a su “hijo” tanto en el temperamento como en el abordaje ideales con respecto a otras músicas, así como en otras manifestaciones del arte. Inició a Kishan en el aprendizaje de la lengua hindi el brahmin pujari que manejaba el templo familiar. Aquí tambien, en vez de comenzar con las primeras letras, Kishan comenzó con una invocación al Señor Ganesh, comenzando a leer el Ram Charit Manas tres veces. El estudio del hindi abrió su apetito intelectual comenzando el aprendizaje del inglés con Ashu Babu, uno de los discípulos ilustrados de su guru. Su sentido del desafío y de la aplicación llevó las cosas más lejos, haciéndose el hábito de descifrar todos los carteles en inglés que encontraba a lo largo del camino hacia el templo de Sankatmochan, el cual visitaba frecuentemente en su bicicleta. La vida siempre fue un torrente fluido de asombro para su rica y observadora mente.

El guru Kanthe Maharaj mantuvo una cercana compañía y consintió en gran medida a Kishan a través de sus años de desarrollo. De ser más bien un niño enfermizo y débil pasó a ser un joven robusto y apuesto... pero sólo después de que su tío rompió algunas normas brahmínicas de la familia y alentó a Kishan a comer carne y practicar lucha libre, tal como lo prescribió un experto ayurvédico. Entonces, sólo cuando Kishan completó 15 años de edad, se le pidió que comenzara un riguroso riyaaz (entrenamiento) de tabla durante toda la noche.

El riyaaz con Kanthe Maharaj era muy científico. Él tenía una estructura muy bien planeada, ingeniada para que Kishan se empapara de las varias facetas de la ejecución del tabla que distingue la gharana de Benares de sus rivales. A diferencia de las otras gharanas, donde los maestros de tabla dominaban uno o dos roles mayoritarios, el Banaras Baaj garantizaba una aptitud plena y un temperamento versátil. Pronto Kishan se volvió un representante verdadero de este linaje, entrenando todos los talas intrincados en períodos de un año de estudio para cada uno, acompañamiento para danza clásica, acompañamiento para música instrumental, vocal, y finalmente el arte más demandante del tabla solo, sin acompañar a nadie, sino a los dictados desenfrenados del propio ritmo interno.

Cuando Kishan se convirtió en un apuesto joven de veinte años, su guru le dio permiso para ir y tocar tabla donde quisiera. Con esta libertad llegó el despertar interno de una libertad mayor y más lejana con su amado instrumento. Su misión de llevar el tabla a su bien merecido estatus de respeto empezó a tomar un ritmo inspirador. Desafió la práctica que seguían los tabliyas de primera en Benares, y le dijo a su guru que no quería tocar para los cortesanos . Lo encontró denigrante para la adorable estima que él tenía por su arte. Como era difícil en esos días hacer una carrera de tabla sin la ayuda de los cortesanos, Kishan pidió permiso y bendiciones a su guru y fue a Bombay a establecerse por sí mismo... (cotinuará).


Recopilación de “Music Makers – Living Legends of Indian Classical Music” de Ashok Roy (Rupa & Co., 2004). Traducción: R.Das.

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